El proyecto que más nos costó (y no fue por la tecnología)

PrismaLabs 29 de abril de 2026
El proyecto que más nos costó (y no fue por la tecnología)

Hubo un proyecto que nos marcó. No por su complejidad técnica, no por el presupuesto, ni por el resultado final. Nos marcó por lo mucho que nos costó emocionalmente.

Era un cliente que llegó con una idea clara y entusiasmo genuino. Tenía experiencia en su rubro, sabía lo que quería, y parecía tener claridad sobre el alcance. Dimos un presupuesto, acordamos plazos, y empezamos. Las primeras semanas fueron bien. Pero en algún punto, algo cambió.

Empezaron los mensajes a las once de la noche con una idea nueva. Las reuniones que originalmente eran semanales se volvieron tres por semana. Las funcionalidades acordadas empezaron a multiplicarse: “ya que estamos, podríamos agregar esto también”. Cada cambio parecía pequeño por separado, pero juntos formaban una montaña que nadie había presupuestado.

Al principio aceptábamos. Queríamos que el cliente estuviera contento, queríamos que el proyecto quedara bien. Pero cada cosa que agregábamos sin cobrar era un mensaje implícito de que nuestro tiempo valía menos de lo que habíamos dicho. Y el cliente, sin mala intención, lo interpretaba como que el presupuesto original cubría todo.

Llegó un punto en que el proyecto llevaba el doble del tiempo acordado, habíamos invertido horas que nunca íbamos a recuperar, y la relación con el cliente se había vuelto tensa. Él sentía que no avanzábamos lo suficiente. Nosotros sentíamos que trabajábamos gratis. Los dos teníamos razón.

Aprendimos varias cosas de esa experiencia. La primera: los cambios de alcance no se negocian después, se negocian en el momento. La segunda: decir que no a tiempo es más profesional que decir que sí y resentirse después. La tercera: el entusiasmo del cliente no es garantía de un proyecto sano.

Hoy en día tenemos procesos más claros. Los alcances se documentan, los cambios extras se cotizan por separado, y las reuniones tienen un límite de tiempo y frecuencia. Pero más que los procesos, lo que cambió fue la disposición a tener conversaciones incómodas a tiempo.

Ese proyecto no fue un fracaso técnico, pero nos enseñó más que cualquier proyecto técnicamente complejo. Nos enseñó que la parte más difícil de hacer sitios web no tiene nada que ver con los sitios web.

Temas:
proyectos clientes aprendizaje
PrismaBot
En línea
¡Hola! Soy PrismaBot 👋
Dime tu nombre y cuéntame qué necesitas hoy.